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El niño que quería pisar la luna

El niño que quería pisar la luna

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Tenía tres años de vida y se produjo un hecho sin precedentes, tal  vez comparable con el descubrimiento de América por los europeos. El hecho fue la llegada del hombre a la luna. Yo no recuerdo gran cosa, pero si que cuando hablo con mi familia de ello, vagamente recuerdo, mucha gente pendiente de la tele, muy excitados y una celebración increíble.

Si que empiezo a tener recuerdos de un par de años más tarde y una de las cosas que siempre me han impresionado son los telescopios. El tratar de ver en la lejanía e imaginar cómo serán esos lugares a los que probablemente nunca iré.

Pero siendo aún un niño, sí que tenía claro que me gustaría viajar al espacio y visitar la luna. Algunas de las cosas que he hecho en mi vida han estado condicionadas por este sueño, aunque con el tiempo, la realidad y el sentido práctico de la vida me han ido alejando de él.

Es ese interés por lo desconocido innato en mí lo que me lleva a investigar ciertas cosas ahora y que de niño me producía unas enormes ganas de poder navegar por el espacio.

Ya en la adolescencia, me di cuenta de que al menos necesitaría algunas cosas si quería tener alguna posibilidad de relacionarme con proyectos espaciales. Tal vez por esto estuve matriculado en Aeronáuticas, y tal vez también, me ha gustado aprender algunas cosas de astronomía.

Las cosas no han ido como las había imaginado inicialmente, de niños tenemos muchos sueños que son difíciles de realizar, pero soñar está bien y tal vez dentro de unos años haya vuelos comerciales a la luna, quién sabe. Yo podría verme cumpliendo algo que veo cada vez más lejano.

Lo que sí me parece importante destacar es que he aprendido algunas cosas, pensando utilizarlas con un fin, pero que, al verse frustrado, he podido orientar esos recursos en otra dirección que también me ha sido útil.

Es muy destacable que la preparación que inicialmente iba a utilizar para realizar mi sueño, se pueda aplicar en la vida, sacando un provecho real que, por un lado, me permite vivir sin demasiados problemas y por otro me deja desarrollar mi lado profesional.

Aunque tal vez tenga que esperar a esos vuelos regulares a la luna, lo que sí que conservo y utilizo siempre que puedo, gracias a este sueño inicial, es la curiosidad por todo lo que me rodea. Y como si de un viaje rumbo a lo desconocido se tratase, cada vez que comienzo a investigar algo, me pongo cómodo y trato de disfrutar al máximo.

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